
El 2025 ha comenzado de manera intensa en muchos aspectos, al punto de que incluso la historiografía y sus enriquecedores debates se han visto afectados. Y qué maravilla, pues no hay nada mejor que una discusión apasionada sobre un tema histórico. Aún más cuando se trata de la Antigua Roma. Sin embargo, a raíz de un gesto realizado por Elon Musk durante su discurso en la proclamación de la presidencia de Donald Trump, se ha desperdiciado una gran oportunidad para reavivar un debate fascinante: ¿existía el llamado «saludo romano»?
Y digo que se ha perdido la ocasión porque, lamentablemente, numerosos divulgadores y autodenominados expertos en historia antigua (con gran éxito, he de decir, pues el gran público les tiene como grandes expertos) han negado rotundamente su existencia, afirmando que no hay pruebas en las fuentes clásicas que lo respalden y cerrándose a cualquier evidencia en contra de su postura. No ha habido debate, sino un monólogo de activistas que utilizan la divulgación histórica para adaptar la historia a sus agendas ideológicas. Cuando no les interesa reabrir un tema, simplemente desestiman los argumentos sólidos y recurren a la negación sistemática. Tampoco es de extrañar, habida cuenta que han creado su propia cámara de eco en la red social ‘BlueSky’ donde no encuentran ninguna voz disidente. El modus operandi es siempre el mismo, y es el del niño que no se le da bien jugar a fútbol y se lleva el balón enrabietado para que los demás tampoco jueguen.
Pero vayamos al centro del debate. En parte, tienen razón: es cierto que el «saludo romano» como gesto cotidiano no existía. Sin embargo, como demuestran de manera clara y contundente las fuentes clásicas, el acto de levantar la mano derecha con la palma extendida sí existió en contextos de consagración, juramento y lealtad. Y aquí radica el problema: este hecho también es negado por quienes buscan reescribir la historia.
Evidencias clásicas del Gesto de Consagración
Las fuentes primarias de la Antigüedad nos proporcionan numerosos ejemplos que desmienten la afirmación de que este gesto no existió. A continuación, presento algunas de las citas más reveladoras:
Cicerón, «Cartas a Ático» (16, 15, 3)
«Aunque ese joven [Octavio] es poderoso y ha regañado a Antonio, después de todo, debemos esperar a ver el final. ¡Pero qué discurso! Hizo su juramento con las palabras: ‘Así puedo lograr los honores de mi padre!’, y al mismo tiempo alzó su mano derecha en dirección a su estatua.»
Este fragmento describe cómo Octavio, futuro Augusto, realiza un juramento extendiendo su mano derecha hacia la estatua de su padre adoptivo, Julio César. Es un gesto claro de consagración y juramento, que refuta la idea de que la extensión de la mano derecha no tenía un fin simbólico en Roma.
Dion Casio, «Historia Romana» (Libro LIII 20, 2-3)
«Y mientras algunos le mostraban su agradecimiento de forma exagerada, un tal Sexto Pacuvio o, como otros lo llaman, Apudio, los superó a todos. Durante una reunión del Senado consagró su propia persona a Augusto a modo de los íberos y aconsejó a todos los demás que hicieran lo mismo. Y cuando Augusto intentó impedírselo, él se dirigió a los plebeyos que estaban en los alrededores, pues era tribuno, y a continuación a todos los que se iban encontrando por las calles y plazas y los forzó a consagrarse a Augusto. Y por eso incluso hoy en día, cuando dirigimos una sública a quien nos gobierna, acostumbramos a decir: ‘A ti estamos consagrados’.»
Dion Casio describe aquí un gesto político y simbólico en el que un senador consagra su persona a Augusto, práctica con claros paralelismos con los íberos. Este tipo de consagraciones rituales y juramentos colectivos refuerzan la idea de que levantar la mano en un gesto de sumisión, lealtad o compromiso era una práctica conocida y significativa en Roma.
Tito Livio, «Ab Urbe Condita» (23.9.3)
«Manus sacratas fide.»
Livio menciona el acto ritual de compromiso con las manos «consagradas por la fe», reforzando la idea de un uso ritual del gesto en juramentos y votos solemnes.
«Por todos los lazos legales que unen a los hijos con sus padres, te ruego e imploro, hijo mío, que no cometas ni permitas ante los ojos de tu padre actos tan innobles. Hace solo unas pocas horas que hemos jurado, por todos los dioses, uniéndonos mano derecha con mano derecha, comprometiéndonos con la fe… ¿y ahora, apenas terminada la reunión, alzaremos nuestras manos consagradas por la fe contra él?»
Valerio Máximo (Memorabilia 6.6)
«Con su imagen puesta ante nuestros ojos, muestra su mano derecha, el más seguro signo de la salvación humana, el venerable poder de la fidelidad.»
Si bien es cierto que no especifica cómo muestra su mano derecha, con los precedentes de las demás fuentes, podemos intuir sin que suponga ello un disparate, que lo hace extendiendo el brazo.
Virgilio, «Eneida» (Canto 3, versos 610-611)
«Anquises da su mano derecha al joven y fortalece su espíritu con este presente juramento.»
Este sería un ejemplo de dexiosis, es decir, de estrechar la mano derecha, pero lo añado para destacar la importancia de la mano derecha en ciertos rituales de juramento romanos.
Pues bien, a pesar de la claridad de estas fuentes, algunos divulgadores y prestigiosos medios de divulgación, como National Geographic, niegan la existencia de este gesto en la cultura romana con grandes esfuerzos. Pero, insisto en que, lo más preocupante es la falta de apertura al debate: muchos de estos historiadores activistas han declarado que el «debate acerca del saludo romano está cerrado», contradiciendo la esencia misma de la historiografía.
Y yo me pregunto: ¿Está la historiografía en peligro? ¿Existe un consenso sectario desde el cual no puedes salir si no quieres ver tu reputación de historiador manchada?
Esto es un problema que afecta a todo el sector académico, aparentemente. Veréis, yo soy un gran amante de la ciencia, y aunque soy un completo ignorante y no sabría explicar cosas muy sencillas, me encanta ver a divulgadores científicos y dejarme maravillar por lo que, para mis oídos, es pura magia. Sin embargo, han surgido voces dentro de la divulgación científica, como Javier Santaolalla, que hablan exactamente de la misma problemática en la ciencia: es decir, todo lo que se salga del «consenso académico» es automáticamente descartable y está fuera de debate. Parece que con la historiografía está ocurriendo lo mismo, y no lo debemos permitir.
Denis Ztoupas – Forgotten Heroes
1 comentario
Jose Serrano · 27 de enero de 2025 a las 22:22
Gracias.